Sintiéndote desplazado es como más se aprende de las personas. Yo se que hay varios tipos: los que se acercan y te dicen que qué te pasa, los que te miran con cara rara y cuchichean, los que se ríen de ti, los que se dan por aludidos y saben que estás así por ellos, los que lo darían todo por tener el valor de dirigirte la palabra y hacerte compañía..
Tú eres de esos, de los que lo darían todo por mí. Levanto la mirada y cuando nuestros ojos se cruzan lo que siento es indescriptible. Te vas acercando y mis latidos triplican el ritmo de tus pasos. Se hace eterno, unas palabras sin sentido salen de tu boca. Cuando las entiendo te contesto; Sí, necesito compañía.
Largas horas hablando, tú y yo y viceversa. Cosas inimaginables, cosas sin sentido, cosas preciosas, cosas nuestras. Llega la hora de despedirse, ¿qué hará? Tanto tiempo hablando aunque haya sido el primer día, tantas sensaciones juntas.
- Bueno mañana hablamos.
+Vale..
- Y no te quiero volver a ver triste.
Una increíble sonrisa se dibuja en su cara y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. No le he contado nada, no ha hecho falta. Él sabe cómo hacerme sonreír y que me sienta querida, aunque aún es muy pronto para eso. Lentamente, me pongo de puntillas y voy a darle un beso en la mejilla. Él se aparta y me dice: ¿En serio crees que no he notado tu corazón a mil? ¿Crees que el mío no estaba igual? Pues estás muy equivocada.
El beso más largo, con más hambre y pasión de este mundo. Incluso más que los de los cuentos y los libros. Más de lo que puede durar su sonrisa en mi mente. Más.

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